Sep 122015
 
residential properties
Real estate speculation, virtual environments, and developments in technology and fabrication now require a reconsideration of what ‘dwelling’ is. How does the scale of a home adjust in relation to these new, “fluid” elements and forces? Residential Properties explores recent shifts in living spaces through site-specific interventions within an existing house/artist residency in a Miami neighborhood, The Fountainhead Residency. Contributors to this exhibition come from a range of disciplinary backgrounds including visual artists, industrial designers, architects, filmmakers, web designers, and writers.
Residential Properties will generate a positive entanglement between creative disciplines, between The Fountainhead Residency and its surrounding neighborhoods, and between local and global definitions of “dwelling.” The exhibition will widen and deepen critical conversations within the local community about what is possible within the borders of our homes, and will invite viewers to reconsider the nature of these borders.

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Aug 152014
 

GPS-PAMM-2014

http://www.pamm.org/exhibitions/global-positioning-systems

Global Positioning Systems is the second iteration of Pérez Art Museum Miami’s Overview Galleries, in which selections from PAMM’s permanent collection are displayed alongside loans from important private collections. Consisting of six interrelated parts (titledHistory PaintingVisual MemoryThe Uses of HistoryUrban ImaginariesThe Contested Present, and Forms of Commemoration), this thematic group presentation explores the intersection between globalization and history. Since the late 1980s, the political and economic forces unleashed at the close of the Cold War have combined with dramatic advances in transportation and digital communications to create an unprecedented degree of interdependency among the nations of the world. As the networks of individuals, institutions, and markets that constitute the international system of art-making and distribution have expanded to include voices from disparate regions and contexts, the field has become a mirror for the cultural effects of this heightened state of global integration. One of the most important of these cultural effects has been the destabilization of any singular understandings of time and world history. The idea that the past may bear different meanings depending on one’s geographic and cultural standpoint has never seemed more incontrovertible. Global Positioning Systems explores this issue by bringing together the productions of an international and intergenerational array of artists who engage diverse histories while raising questions about how the past is recorded and remembered.

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Jan 242014
 

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Cuban America
An Empire State of Mind

Lehman College Art Gallery
February 4 – May 14, 2014
Reception: March 17th, 2014
6:00 – 8:00 pm

more info here

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Nov 022013
 
Gerogia Bullets - CCE Miami - 2013

Gerogia Bullets – CCE Miami – 2013

Images here

Opening Nov 12, 2013 – on view until December 21
At CCEMiami – Free admission

Exhibition by Gean Moreno and Ernesto Oroza, as a parallel project to TAPAS: Spanish Design for Food. It will include a 32-page Tabloid, workshops with students from DASH and the Culinary Institute at Miami Dade College, and different collection of objects.

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Oct 142013
 

Visit: http://thetabloid.org/

Tabloids are series of newspapers that are produced in relation to specific exhibitions. One side of the newspaper pages, patterns (usually determined by elements within the exhibitions) are printed. These are used as wallpapers to designate particular spaces within the exhibition sites. The rest ofthe newspapers are used to present materials that in some way expand or question the conceptual scope of the exhibition.


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Sep 292013
 

tabloid-26-factoria

Modelo de expansión (TelArte-Tabloide-Marabú) – Modelo de expansión (Romañach) –  2013

El proyecto Modelo de expansión (TelArte-Tabloide-Marabú) propone un paralelo crítico entre tres sistemas de producción y distribución: TelArte, el proyecto Tabloide y la planta de marabú.

TelArte fue una iniciativa cultural que relacionó, desde 1983, a decenas de artistas cubanos e internacionales con la industria textil de la isla. Mariano Rodríguez, Raúl Martínez y Manuel Mendive de Cuba; Robert Rauschenberg (USA), Shigueo Fukuda (Japan), Luis Camnitzer (Uruguay) entre muchos otros, adaptaron sus lenguajes a la tecnología textil existente en la isla. El proyecto se sostuvo hasta 1991 y fue principalmente impulsado en términos económicos por el Ministerio de Cultura de Cuba. Durante esos años se imprimieron decenas de miles de metros de tela de algodón y fueron distribuidos a precios asequibles por diversas redes comerciales. Los consumidores cubanos integraron estos textiles a sus vidas para atender sus propias necesidades.

Tabloide es una serie de periódicos producidos en relación a exhibiciones específicas. Por un lado de las páginas del tabloide se imprimen patrones que están determinados usualmente por elementos de la exhibición o del contenido teórico del tabloide. Estos lados con patrones pueden usarse como superficies decorativas para paredes (empapelados) y para designar espacios y funciones particulares en el lugar de la exhibición. El resto de las páginas del periódico se usan para presentar materiales (ensayos, entrevistas, programas) que de alguna forma expanden o cuestionan el alcance conceptual de la exhibición. Tabloide #26 se presenta como un modelo expansivo. El patrón elegido fue diseñado por el artista cubano y organizador de varias ediciones de TelArte Antonio Eligio Fernández (Tonel). El impreso contiene un ensayo sobre el marabú y su potencialidad para invadir espacios naturales, culturales y económicos.

Modelo de expansión (Romañach) es una producción de bisutería fabricada con semillas de marabú y otros elementos. Estas bisuterías son prototipos de una producción que busca diagramar la inercia invasiva del marabú. Las formas geométricas generativas de estas “joyas” provienen de celosías diseñadas por el arquitecto cubano Mario Romañach para el edificio de la Compañía de Inversiones en Bienes y Bonos, S.A. de 1958 (Calle C entre 29 y Zapata, Vedado).

En síntesis, los proyectos Modelo de expansión (TelArte-Tabloide-Marabú) y Modelo de expansión (Romañach) pretenden canalizar y entrelazar la inercia de cuatro fuerzas: TelArte como un mecanismo cultural para la producción y distribución de textiles (arte como objeto útil); Tabloide como un vector para la distribución de ideas; el Marabú como un sistema de dispersión natural; la celosía de Romañach como módulo repetitivo con una potencialidad expansiva óptima.

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Sep 282013
 

Navidad en el Kalahari
Cristo Salvador Galeria, Havana, Cuba
Sept 21, 2013
Gean Moreno & Ernesto Oroza
Download Tabloid 26
38 de Diciembre por Clara Astiasarán

Cristo Salvador Galería: 19 No. 1104 (altos) entre 14 y 16, Vedado Ciudad Habana.

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Sep 112013
 

Navidad en el Kalahari (el continuo molecular)
Gean Moreno – Ernesto Oroza

Quizás el árbol espera en su semilla, pero el hombre no espera en sus huesos.
Samuel Feijóo

1.

Hay una semilla alojada en las entrañas de un camello. El animal duerme en el oscuro establo de un barco que espera el amanecer en el puerto de San Cristóbal de La Habana. Con la primera luz el contramaestre da la orden de iniciar las labores de descarga. La tripulación sale de su letargo mientras pinchan y gritan a las bestias.

El camello se erige con torpeza, sus vísceras desanudan horas de inmovilidad. La semilla se desliza, cayendo, pegándose de una pared  a la otra. Sin capacidad para moverse por sí misma es empujada por los retorcijones del intestino del camello que impulsa, con los primeros y débiles pasos, la irrigación sanguínea del cuerpo.

Unas horas después, acalambrado por la espera, despierta el camello con los gritos de los marineros y estibadores que anuncian el descenso final. La bestia, empujada por sus congéneres es expulsada del establo, la tripa se llena otra vez de actividad, es un eco de los túneles de salida del barco.

Halado el camello por la caída de la rampa, se fatiga con el candelazo del sol caribeño. Lo atraviesa desde los ojos hasta el estómago. Los músculos del intestino, liberados por la fatiga, estallan sobre la rampa que se cubre con las heces del animal.

La semilla, traída al exterior por un espasmo, recibe una bienvenida solar. Los siguientes e inesperados eventos la separan equidistantemente de todo posible porvenir. Reposa la hijuela sobre la bosta, que reposa a su vez sobre la rampa. Son sólo unos segundos eternos. La oscura pata del siguiente animal, no menos fatigado, busca apoyo nerviosamente. Se afinca para no dejar caer su cuerpo adormecido. El tambaleo de la pendiente y la mierda resbaladiza sobre las tablas no ayudan.

La semilla toma vuelo otra vez pegada a la esponjosa pata, con el siguiente paso es lanzada al vacío, el agua turbia de la bahía la espera bajo la rampa, pero queda pegada a una grieta de la pendiente por una porción de excremento más pequeña que ella.

Se largan los camellos hasta desaparecer en la vieja ciudad, una secuencia de  gritos anuncia la recogida de las amarras, grúas y rampas por la compañía portuaria que administra la descarga. Al izarse las tablas de la pendiente la semilla, despegada por una corriente de aire caliente, cae en una danza interminable al mar. Toca agua para desaparecer en el estómago de un voraz ronco habituado a alimentarse en las descargas matutinas del puerto. Esta pudo haber sido la relación de la  planta del marabú con Cuba, pero ninguna historia con el archipiélago es breve.

Unas leguas después –próximo a la Calzada de Jesús del Monte– el camello, debilitado y a punto de derrengarse por el mareo de tierra firme, no puede controlar la musculatura del vientre y su intestino se vacía totalmente. Deja sobre los primeros adoquines de la calzada una carga de vida, una enorme torta de excremento que cambiará el curso biológico de la isla para siempre. Y sobra decir que el cambio del curso biológico de una isla implica el desvío de todos los cursos posibles.

2.

La propia planta parece borrar los trazos de su llegada. Como lo hace un bandido, cuando ata a la cola de su caballo una fronda para barrer las huellas de  su fuga, el marabú aniquila las pistas históricas. Su genealogía cubana se enmaraña, se infesta de culpables.

Notas de prensa apuntan a la francesa Monserrate Canalejo de Betancourt, residente de la provincia de Camagüey, quien la importó como planta decorativa hace 150 años. El arbusto, después de superar su tímido crecimiento, debió desatar sus radículas por el jardín hasta las orillas del sendero de acceso a la morada. Los historiadores allanan la maleza: sólo le adjudican la culpa de traer plantas ya existentes en la isla, como la Aroma francesa y el Weyler, ambas muy parecidas al marabú.

Otra simiente se escapa por esos años del Jardín Botánico que poseía en la Finca El Retiro (Pinar del Río) el botánico José Blaín. Acarreada desde África, recorrió el Atlántico para sumarse a la que parece una contaminación inevitable.

Últimos estudios (no existen registros botánicos anteriores al siglo XIX que la mencionen) confirman la llegada en barcos negreros –en forma sistemática– de miles de semillas de marabú, digeridas en la costas africanas por las reses que traían para alimentar a los esclavos durante la travesía. La limpieza –en los litorales y puertos de Cuba– de los desperdicios de los viajes descargó, según esta nueva teoría, una enorme cantidad de semillas que tocaron tierra flotando o por las defecaciones de las aves costeras que revoloteaban los barcos negreros orillados.

Si la trata de esclavos duró en Cuba casi cuatro siglos –con intensidades puntuales recogidas por la historia– la isla parece haber recibido, por esa misma cantidad de siglos y en proporción a esos mismos puntos críticos, el castigo silencioso pero masivo de la llegada de la ‘espina maldita’, que es como llaman los árabes al marabú.

3.

Parece como si la planta, oportunista, se autoenviara a nuevos entornos. Sin pretender antropomorfizar ni caricaturizar, podemos decir que la semilla está guiada por una “inteligencia de tendencias”. Algo que le permite colocarse en la situación apropiada, mapear potenciales líneas de transporte, evitar zonas de resistencia y rechazo e investigar las deficiencias y debilidades, para olfatear anfitriones hospitalarios que ayuden en su proliferación.

Se trata de la inteligencia de una totalidad, embebida a nivel molecular. Mientras se deja guiar por estas “inercias tendenciosas”, se inserta en un nuevo ecosistema como un elemento del Confín, pero sin evadir su condición de entidad inasimilable durante el proceso de inserción.

La especie es intrusiva por excelencia, una entidad o fuerza que viola las líneas de demarcación y cerramiento con total impunidad. Pero es más que eso: una Intrusa que permanece ajena, porque los elementos, conductas y atractores que mantenían el orden o equilibrio dentro del ecosistema no pueden hacer nada para reducir sus efectos o alterar su comportamiento.

Sus propias maneras y conjunto de habilidades no se alinean con los comportamientos y habilidades –y limitaciones– que el ecosistema ha organizado en torno a sí. Es decir: son dos modelos que no se engranan. Los procesos de optimización genética y retroalimentación que contribuyen y mantienen el balance general, habitualmente lo suficientemente flexibles como alojar modificaciones razonables, no tienen respuestas para el cambio radical que la intrusión representa y desata.

Se trata de una captura de energía en el ecosistema, perturbando los patrones de distribución asentados. Quedan al descubierto los límites que éste puede sostener y la modalidad de equilibrio que le es intrínseco.

La Intrusa trae e introduce consigo al Confín, al menos de dos formas: como una presencia foránea (una anomalía física dentro del repertorio de morfologías recurrentes que altera los criterios de competencia dentro del ecosistema) y, como un índice de otros patrones de captura y consumo de energía, que el ecosistema invadido no puede permitirse el lujo de emular.

Si el proceso de depuración del ecosistema en un equilibrio prolongado se puede considerar un tipo de inteligencia, entonces La Intrusa puede entenderse como una instancia de inteligencia alienígena, una astucia extranjera en relación con el territorio en el que se ha anidado.

Esta inteligencia niega cualquier forma de asociación con su nueva vecindad, excepto al entender el nuevo territorio como una fuente de alimentación, como un campo para la extracción de energía. En poco tiempo, la especie invasora desata su tendencia latente hacia la desorganización, a pesar del impulso obsesivo del ecosistema de la isla por mantener la experimentación evolutiva en un espacio de posibilidad contenido.

4.

Trillos, continuidades… son las primeras formaciones de esta planta en la isla. Los primeros retoños diagraman o –mejor– bosquejan los vuelos de las aves, el curso del ganado desde los puertos y surgideros a las fincas, el deambular en las áreas de pastoreo y los recorridos entre zonas de trabajo y establos.

Aún depende la semilla trashumante de los metabolismos de otros seres, de la voracidad y sistemas digestivos de algunos animales. El hambre de la bestia es energía motriz para la hijuela. El ímpetu genético de la especie fluye por ramas animales: ramas que son gargantas, estómagos e intestinos.

La vaca, el caballo, el chivo o el ave son túneles: atajos de sobrevivencia por donde se desliza la especie. La distancia que recorre de una punta a la otra del animal, se amplifica con el recorrer de la propia bestia. Y en esos lapsus, se ausenta la semilla de su universo, de las lógicas del mundo vegetal: se excluye del paisaje.

Ya no se trata de superar el Atlántico: una barrera oceánica mortífera. El marabú atraviesa los órdenes naturales, se salta las eras de especialización del mundo biológico. Se sirve de especímenes y protocolos aparentemente más complejos y evolucionados que el.

La bestia –agujero negro con lengua extrae la semilla– la omite. La aparta de la isla, para expulsarla nuevamente por el recto a la campiña. En cien años de fuerzas y torrentes gastrointestinales se abarrotan los espacios entre deyecciones.

La semilla dotada de poliembronía, asegura y multiplica su germinación. El marabú dibuja sobre el campo, y con profusa fidelidad, el uso laborioso y continuo que el campesino hace del terreno, pero también deja grabado el ocio del ganado en sitios de pastoreo.

Las aves y murciélagos también propician erráticos dibujos. La inflorescencia de la planta –de abril a noviembre– atrae a los quirópteros que la polinizan. Se sirve el marabú de un insecto que tienta el sonar de un murciélago que esparce en su vuelo, el polen del diablo.

Ambos planteamientos –los dibujos de labor y los dibujos arbitrarios del ocio y la voracidad– se solapan y sobreescriben. Espirales, círculos perfectos y rotos, garabatos, líneas cruzadas y tangenciales, son las formas que toma la consolidación sobre la isla, de una invasión biológica aterradora. Con tal magnitud, sólo podemos remitirnos a un precedente histórico: la conquista española. Pero la nueva colonización parece venir desde el futuro, o al menos anticiparlo.

El marabú produce una enzima del porvenir,  presagia los códigos organizativos del futuro; nos obliga a hablar de el en términos de vectores, de continuos, de multiplicidades, de redes e infinitudes. Para visualizar su expansión, hay que asumir puntos de vistas esquemáticos y extrapolar otros lenguajes de síntesis como el cine, la arquitectura de infraestructuras y de redes, la producción masiva de objetos genéricos, el espacio y tiempo informáticos. Incluso remitirnos a obras de arte con manejos a gran escala de terrenos y masas de agua como la Spiral Jetty de Robert Smithson.

Quizás la espiral de Smithson de 1970… y el ensayo sobre el proyecto… y el posterior filme de mismo título sobre ésta obra de tierra –ésta lógica de y…y…y…y… que surge obligada por una necesidad de multiplicar los puntos de vista, los modos de pensamiento, las oportunidades de síntesis– es lo que pudiera proveernos de un método de conceptualización adecuado para un entendimiento sobre la colonización del marabú. En lugar de cristales de sal, tenemos espinas y semillas de probada fuerza entrópica. En lugar de masas de agua y tierra, tenemos volúmenes de follaje y radículas en perpetua expansión. Y en lugar de ciclos hidrogeológicos –de los cuales la Spiral Jetty es rehén– tenemos el desenvolvimiento de un curso de masa vegetal con su propio devenir, indiferente al tiempo antropológico.

5.

Desde otro punto de vista esquemático, la isla es un plano de reflejo: un test de Rorschach impreso con auxinas y taninos. El eje de simetría es el horizonte.

El voluminoso follaje del marabú sobre la tierra se repite simétricamente bajo ella; entierra un pródigo y formidable sistema de raíces. Un eco de la colonización ocurre en las entrañas de la isla; allí la especie se fortalece, optimiza sus recursos y metaboliza en la oscuridad su dominio

La alusión a la prueba de Rorschach puede diagramar otras resonancias. La Intrusa es nómada, siempre evade su exterminio. Mientras uno se la imagina planeando su trayectoria invisible hacia el próximo entorno de acogida, la especie elabora una segunda estrategia de supervivencia.

Rehusando mantenerse a un nivel subsimbólico –o surgiendo de éste solamente como un temible intruso– el marabú se incorpora y altera la economía simbólica de los nuevos territorios que encuentra, sin intentar ajustarse homeopáticamente, ni facilitar que emerja una distribución de energía sostenible en el ecosistema que ha invadido.

“Sé que el terrible marabú, con su bosque de púas feroces, da un farolito lila, amarillo y blanco”– escribe Samuel Feijóo en Caonao  por el año 1941. “Púas crueles” que “ya hacen un espinoso bosque”, le menciona en 1942. Hay propágulos en La segunda Alcancía del artesano (1962), en Viaje de siempre (1977) y en Ser (1983). Página tras página de Prosa (1985) arrecia la maleza, “circulando el pozo”, “dando garrotazos a los amenazantes brazos” “las alborotadas púas”.

El poeta vegetal y folclorista cubano, deja colonizar su sensibilidad por el marabú: “Atraído por la fiesta matinal, salgo por el camino de los marabusales, todo erizado de púas.”  O, aludiendo a las vacas: “…ellas trillan mucho, y, así el camino es, aunque estrecho, mas libre de púas y de los tronquillos que dejan los desmoches de los carboneros. Estos andan cortando el marabú que ya hace un peligroso bosque.“

El marabú metaboliza en los libros del poeta y –posiblemente– como hace para las vacas, abre estrechos pasajes para Feijóo: le deja andar. Agradece a sus vectores al mismo tiempo que los flanquea. La literatura de Samuel está contorneada por la maleza; ésta especie lo obliga a excluir de sus páginas la palma barrigona, el jagüey blanco, el aguacate cimarrón, la bruja negra. La genética de La Intrusa, evolucionada en tierras continentales, no encuentra competencia ni en la literatura más castiza.

La manigua de marabú le cierra las visuales al ‘sensible zarapico’. Quedan algunos parajes donde no la menciona, pero en otros es evidente que la maldita acecha los pozos, se precipita hacia los pueblos, estrangula los caminos. Las narrativas feijóoseanas se descompensan; las plantas endémicas absorben, a  cada línea,  menos tinta que la planta alienígena que ya atraviesa párrafos enteros con sus espinas.

La pulpa vegetal del papel resulta un entorno fértil para el marabú, que termina por enajenar la lectura. Feijóo, maestro de lo castizo, parece deportado a parajes ajenos en esos párrafos: la víctima de una abducción. Su infestada prosa testimonia un contexto cada vez mas alienígena. En su exacta síntesis muestra cierta fascinación por lo foráneo. Samuel descansa al interior del bosque y tiene una visión submarina. Las pequeñas hojas translúcidas batidas por el viento le embriagan. La invasión en las palabras afectadas del poeta, resuena –potencialmente– más peligrosa.

Ciertamente Feijóo no lo reconoce como un intruso, si acaso como maleza. Pasa que demasiado marabú sofoca la discusión moderna de lo autóctono latinoamericano y especialmente insular. La planta rechaza naturalizarse, crea su propio nicho ecológico, haciendo obsoleto el debate. Las jerarquías del paisaje autóctono quedan rebasadas; las palmas, indistinguibles. El marabú es “la tempestad”. Una fuerza concentrada y homogénea que, indiferente, borra tanto a Calibán como a Ariel.

Tal vez aquí la metáfora del Rorschach encuentra su límite, se asoma a su propio confín. La simetría –como congruencia o antinomia– entre el arbusto y su sistema de raíces, entre la ruta de las aves o el ganado y la trayectoria de la  planta, entre Calibán y Ariel, entre Shakespeare y Césaire, entre naturaleza y cultura, se empieza a desarmar. La dicotomía y la lógica binaria se deshacen.

Las manchas del Rorschach se transforman sin reflejarse la una a la otra, como le ocurre en el rostro al personaje de los comics Watchmen (1986). Se derraman asimétricamente, sin relacionar sus fuerzas directamente. Los pájaros pueden seguir volando por la misma ruta hasta su extinción y, sin embargo, el marabú se desplaza sin depender de éstos. Busca o abre senderos en la cultura, en la literatura, la economía del souvenir, las nuevas industrias de biomasas. Uno ya no es dos ni dos uno. La dialéctica que nos enseña que se puede encontrar una manifestación de las condiciones estructurales en lo inmediato empieza a ceder espacios a la demanda de un planteamiento que busca enlazar regiones de pensamiento con lo que surge mas allá de sus confines.

Es decir, la presencia del marabú sigue por un lado elucidando las historias del colonialismo y estratificación de clases, de un capitalismo incipiente, de la primera globalización que se desarrolla mediante el “triángulo comercial de la esclavitud” (también conocido como Le Passage du Milieu). Pero también, deshaciendo la simetría del Rorschach con dos métodos de dialéctica desiguales, demanda otra modalidad de pensamiento, una horizontalidad de multiplicidades, donde territorios enquistados –el imaginario asentado de la isla por ejemplo, o una economía primigenia– se ven obligados a destensar sus bordes y asumir una nueva porosidad. Si no en el plano biológico, al menos esto parece ocurrir en el plano cultural. Una frontera, ahora agujereada, es atravesada como el camello desde su ojo hasta su violáceo ano –como la flor del marabú– por las lógicas foráneas del Confín.

6.

De la misma manera que devora hectáreas, el marabú devora espacios en los medios de comunicación. Desde las primeras advertencias públicas de Gonzalo Roig en 1915 o los versos y prosas de Feijóo de 1941 hasta la fecha, la planta devino el ente más ubicuo en términos mediáticos.

Las imágenes de nuevas comunidades rurales, promovidas en los periódicos, muestran edificaciones rodeadas de marabú. Los reportajes televisivos cubanos sobre agricultura están invadidos, el también llamado árbol de Navidad del Kalahari, asoma siempre por detrás del comentarista. Las espinas y hojas son ahora bits perennes y luminosos en las pantallas de los televisores.

El modelo multiplicador que, con el uso de espejos, explicaba el concepto de No Stop City (1969), del grupo radical italiano Archizoom, o la propuesta expansiva Monumento continuo (1969) de Superstudio, son hoy una frágil caricatura –en términos de representación– de lo “potencialmente infinito”, si lo comparamos con el marabú vectorizado por las vacas, la literatura y la prensa cubanas.

Si el proyecto cultural cubano TelArte se hubiera extendido veinte años más, las textileras estarían imprimiendo follajes, flores, espinas y semillas de marabú para diseminarlo por los sofás, los manteles, las cortinas, y los vestidos de la población. Y la plástica, sin el abrigo de la institución y del mercado, hubiese encontrado su emblema favorito: el erosionado contorno de la isla, desmenuzado por la punzante nueva figuración.

Las métricas locales también comienzan a serle útil. Una botella (sábado corto) llena de semillas, en las provincias centrales, sólo cuesta 10 pesos. Los sacos de vainas comienzan a viajar por la isla. El marabú se cuela por las apretadas fisuras de la normalización y la economía, invade terrenos más expeditos. Espacios lubricados por lógicas más fluidas como el comercio de artesanías, las economías emotivas y resistentes del souvenir y las fuerzas indetenibles de la decoración.

El cienfueguero Ian Mario, fabrica el interior de su casa con las ramas duras del marabú. “Tengo butacones, lámparas, medios puntos, paredes decorativas, apliques, variedades de porta maceteros, macramés en la pared y colgantes.” Uno se imagina a Carpentier, agitado en su lecho, buscando maneras de sumarle una nueva oración –de una importancia enorme ahora– a todas las páginas que dedicó al medio punto.

La foto muestra propágulos de marabú, aparentemente domesticados, metidos en un edifico prefabricado. Sus diseños recuerdan la serie Animales domésticos (1985) de Andrea Branzi. Para el arquitecto italiano el torrente de la producción industrial, de lo prefabricado y lo genérico, tiene un paralelo continuo en el torrente productivo de la naturaleza; entre ellos puede establecerse un amor híbrido. Pero los Animales domésticos de Ian Mario rebasan y actualizan los de Branzi. Al prescindir de las sustancias retóricas y simbólicas –cada vez menos nutritivas– que ceban el discurso del diseño y hacen más lentos sus movimientos en los flujos contemporáneos en un tendencia ineluctable hacia lo genérico.

Los Siul, unos fabricantes de muebles artesanales –en un abierto reto a François Roche y a la nueva obsesión de la arquitectura por los protocolos generativos de la naturaleza– dicen al periódico Juventud Rebelde que este año 2013 presentarán una casa de marabú para satisfacer las demandas de la población.

Adelantándose unos años, Redimio Pedraza Olivera, describe –también para Juventud Rebelde– cómo en la pared de su casa de Camagüey han brotado retoños de la planta por semillas atrapadas desde hace medio siglo en el cemento, validando las “paredes verdes” y los “jardines verticales” tan de moda recientemente.

Otros dan testimonios de brotes impetuosos de marabú, que atraviesan el chapapote de las carreteras cubanas. Semillas que yacen bajo las infraestructuras viales por varias décadas, acechando precipitaciones y amenazando, a la vez, la ortogonalidad omnipresente del modernismo.

7.

El marabú es un continuo. Es una estructura –siempre multilógica– moviéndose en senderos bifurcados, sin remitirse a la condición mas básica de lo paradójico. Por un lado su despliegue remite a estructuras de inestabilidad como el clima isleño y, por otro, apunta a constantes como la retícula inglesa de la Habana o los mogotes de Viñales. Ha superado las proporciones de un especie vegetal invasiva y ahora potencia su perennidad como un estrato del paisaje. Una capa activa que revuelve los sedimentos asentados previamente.

Pero esta nueva instancia apunta a una inteligencia superior, no se trata ya de un repertorio de agencias y tácticas vegetales, radículas suprasensibles buscando en el oscuro subsuelo de la isla los terrenos franqueables. No se trata de resolver con taninos y espinas la concentración de ciertos depredadores. No, la agencia del marabú opera con fuerzas mayores, se las entiende con conflictos nacionales políticos y/o económicos. Desde los campos de concentración de Maximiliano Weyler, las miserias que dejó en los campos de Cuba la Guerra de Independencia, o más tarde la persistencia del monocultivo y la tierra mal distribuida, hasta los más de cincuenta años de tierras sin campesinos.

Estamos hablando de una planta que puede, por un lado, prescindir del agua, y por otro, presentir inconsistencias en el terreno socio-político. Es decir, puede sacar provecho de su compleja estructura molecular para sobrevivir severas sequías, al tiempo que parece manejar y sacar provecho de contingencias mayores.

Se trata de un cambio de jerarquías y funciones en la estructura general del paisaje. La especie marabú,  que era un sintagma (como lo es el césped dentro de un orden sintáctico mayor como el Vedado), permuta, no ya al orden general de la oración, pero al orden más estructural del código.

Como las lenguas inventadas por Xul Solar, el marabú brinca la cerca delimitante del orden. Deviene el código de una pan-lingua. Hace pesadilla –o desde otra perspectiva realidad– el sueño del continuo tricontinental. En cierto nivel lingüístico, los de Tijuana pueden hablar con los de Río de Janeiro;  en un plano molecular, Camagüey es más familiar al Kalahari que al complejo urbano del Focsa.

8.

Debemos aceptar que el marabú ha construido un nuevo escenario, ha transformado la isla en el Confín. Lo ha hecho, en primer lugar, por su condición de agente inadmisible, de alienígena que no se aplatana (la especie en Cuba no ha variado, sólo ha atrasado su período de floración), aunque está dejando huellas irrevocables, fijando nuevas cualidades.

En segundo lugar, porque en su desmesurada expansión ha empujado a la extinción a especies autóctonas, haciendo más extraño y uniforme el paisaje, cambiando un ya consolidado arabesco de fauna y flora por otro que todavía mantiene cierta flexibilidad mientras se homogeniza y establece.

En tercer lugar porque, al apoderarse de la gramática geográfica de la isla, ha tiranizado las actuales dinámicas económicas nacionales, imponiéndose como un único recurso disponible mientras drena las energías empleadas en su erradicación.

En cuarto lugar, porque en vez de convertir una región hostil en un contexto idóneo para la producción humana –como fácilmente se puede imaginar–, ha transformado, mediante un proceso de terraformación inverso, un territorio simbólico y geográficamente domesticado en un paraje salvaje y crudo, una manigua alienígena.

Y mientras cambia el paisaje cambian los vehículos mediante los cuales se le representa. Lo vemos como una entidad extraña que, sin resistencia, se cuela en los escritos de Feijóo cuando sus campos tropicales se empiezan a parecer más a Marte que al Caribe.  O cuando se filtra en el ámbito productivo del souvenir y nos retorna un reflejo de lo que ya no es la isla, un reflejo que se nos encima desde el futuro.

De la fricción incesante entre el marabú y lo que ya está calcificado a nivel simbólico y económico en la isla, en lugar de chispas –como en el roce severo de rocas o métales– brotan líneas de poesías, imágenes mediáticas, nuevas tipologías de souvenir, morfologías de muebles y mediopuntos vegetales, estructuras arquitectónicas que prometen devenir nuevos asentamientos.

Es fácil imaginar, cercado por esta cascada de nuevas formas, el avenir de una nueva pintura, una inesperada moda, cosas persiguiendo una congruencia con este nuevo mundo. Y todo esto, todas estas novedosas formas, en su conjunto, forman un paisaje nuevo –una costra de biomasas y flujos de energías que apenas se está cuajando– que exige un Canto General updated, un Canto General del Confín, o un nuevo y radicalmente diferente tomo de Odas, o el Enemigo Rumor de un barroco de vectores.

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May 142013
 

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Notes sur la maison moirée (ou un urbanisme pour des villes qui se vident)
Gean Moreno et Ernesto Oroza
Préface : Victor Lévy
Co-édition : Cité du design et École nationale supérieure d’architecture de Saint-Étienne

Six textes composent Notes sur la maison moirée (ou un urbanisme pour des villes qui se vident). Le premier texte, qui a donné son titre à l’ouvrage, montre comment, face à la pénurie et pour résister à la crise des subprimes aux États-Unis, les individus vont devoir réinventer leur habitat, produire des objets hybrides, bâtir une autre vie quotidienne dont les effets vont déborder sur le paysage urbain et le modifier. « Apprendre de Little Haiti » est l’histoire d’objets provisoires installés par les habitants et les ruses que chacun déploie pour implanter un objet inattendu mais essentiel dans ce quartier de Miami. « Treize façons d’observer un dépôt-vente » dresse un portrait de la consommation et des modes de vie à travers une lecture singulière des objets qui se stratifient dans un dépôt-vente. « Treize façons d’observer une landscape nursery » s’attache à décrire les objets stéréotypés d’une pépinière qui envahissent et transforment le paysage urbain. «Modèles de dispersion : notes sur le projet Tabloid» imagine une fable, celle d’une eau tachée par les teintures de cheveux de vieilles femmes qui se déverse dans la ville. La fable se transforme en réalité avec le projet de dispersion d’un motif de design via un tabloïd dans l’espace urbain. Enfin, « Objets génériques » étudie les paramètres physiques des objets les plus ordinaires (palettes de bois, poubelles urbaines, casiers à lait ou échafaudages) et montre comment ceux-ci conduisent à la construction de systèmes complexes.

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Apr 102011
 

TABLOID #8: This tabloid was produced by Gean Moreno and Ernesto Oroza for the exhibition DECOY. Farside Gallery 2010. Miami, FL.
Textile pattern by Tonel, mass produced as part of the cultural initiative TelArte, Havana 1987, altered by Gean Moreno and Ernesto Oroza, 2010.
Special thanks to Tonel for allowing us to use his work.
8 pages. Blue. Edition of 1000

From press release:
(Miami, FL) -For the exhibition Decoy, Ernesto Oroza and Gean Moreno are producing an abstracted interior in the guise of a reading room. In it, nothing is what it seems: a graphic/decorative figure is actually a schematized image pulled from a partially successful effort to join art and mass production (TelArte); the typology of a bench is folded into that of a table which, in turn, is folded into that a display structure; a set of funky tiles stand in as shorthand diagrams of procedures witnessed at the local salvage yard from where they were reclaimed; a tabloid (as a medium for information distribution) is inseparable from a wallpaper as a decorative structure, but the wallpaper presents its own non-decorative information; cushions sewn out of old T-shirts double as a starting archive of graphics that have taken root in our vernacular landscapes. Things acquire two and three identities and negotiate precarious balances between them. Somewhere in all this, one can begin to discern what is important to Oroza and Moreno: crisscrossing functional patterns in order to produce astute artifacts; testing the possibility of objects feed on tactical logics which, despite their proclivity for tending to the necessary with impressive economy, are all-too-often relegated to one kind of margin or another; formulating tentative theorems on what possibilities are still viable and vital for object production and urban experience.

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Dec 162010
 

MODELS OF DISPERSAL: Notes on the Tabloid project
Gean Moreno – Ernesto Oroza

Some old women use newspaper to dye their gray hair. They rub the pages insistently on strands of hair until the ink dust released seeps all the way down to their follicles. Afterward, the new blackness, so deeply entrenched at first, slowly abandons their heads and stains the pillow cases. In the washer, these pillow cases stain the rest of the clothes that they’re spinning with. A dark color starts spreading inside the house. Ink that not a week ago had been employed to convey timely information is reconfigured as vague spots on the grandchildren’s uniform shirts and as a new shade on the son’s once-white work pullovers. But the inked water, as this is happening, has already left behind the domestic space. Through the foam expelled by the washer, and running down the different drainage systems, it expands infinitely. A river of inked water roars through the plumbing, and eventually escapes through corroded pipes, faulty unions, and cracked elbows, and invades the city.

Each washer is just a single source of this inked water, but there are thousands of them in the city. Imagine them synchronized, erupting simultaneously from the penthouses on Brickell Avenue, from the backyards in Hialeah and the hospitals in Allapatah, from the women’s prison on Krome Avenue, from the shotgun houses in Overtown and the pseudo-Moroccan single-family homes in Opa-Locka, from kitchens in Little Havana duplexes. Suddenly, there would be innumerable tributaries, feeding on one another. The entire city, in this situation, is recast as a tidal basin. Currents would constantly gain strength. Eventually, they overflow the streets and other existing axes that channel them. Tributaries merge. The inked water and the foam begin to slip under doors, seep through the crevices in solid walls, run off into sewers and canals until they overflow these too and continue to move.

Puddles remain in the wake of the foam and impure liquid. Their waters fill the grooves in truck tires and are pulled all the way to the port and onto ships running cargo across the sea. They also splash when messengers and food delivery folks race over them with their bikes and scooters. The packages they are carrying are soaked. This is how the inked water climbs through the hollow shaft of the elevator into office towers and stains the curtains in the conference rooms, the carpet, the linoleum tiles in the break rooms.

As the puddles grow shallow, dispersed, the wet asphalt still manages to blacken the soles of students’ shoes as they, wearing shirts their grandmothers stained in the wash, cut across empty lots and fenced properties, carving new paths through the city, in order to get to schools and vocational centers on time and avoid afternoon detentions.

As the water finally evaporates completely, it leaves behind an ink residue, a black powder like the one that some old ladies tease out of newspapers to dye their gray hair. This black powder–the routes it marks–draws a new map of the city. These currents of inked water are real of course; they spread across the memories and imaginations of any child that has seen grandma dye her hair with newspaper, that has seen the smudgy stains on her pillow case, the stains on his/her own uniform shirts. But they are also virtual. These are currents that mark a physical passage as much as they mark the movement of a series of habits, of traditions, of vernacular and familial practices, of knowledge that has been handed down from one generation to another, taken from one geographical context to another. They are channels of information. Just as the lines that mark the large systems of distribution that tabloids employ are also channels of this sort. These, too, are real; they’re there, even if they have no continuous physical manifestation. They are one of the city’s invisible materialities, a virtual channel for one of its flows. They are plotted only by the spots where users pick up their tabloids, by the habits that drive these users to go every week to the same place, expecting new stories but always within a series of specific and familiar graphic parameters. These systems of distribution draw a new city over the grid that we find on the dusty maps and diagrams employed in architecture and urbanism schools.

Employing a standardized typology, our tabloids slip into the systems of production and distribution in which this typology is a central component. Or rather, they emerge–as a kind of altered offspring, a teratological experiment–from these systems. For a project in Quebec City last spring, for instance, our tabloid was inserted (dissolved) in the city’s free weekly, VOIR. It existed in a run of 15,000 copies, spread through a series of delivery routes that covered a significant portion of the city. Our tabloid–no longer an autonomous artifact, but grafted like a parasite to a temporary host–exploited a massive system of efficient distribution which, on the one hand, dispersed it throughout the city and, on the other, tapped into habitual behaviors of the local population to further enlarge the territory through which the tabloid travelled.

But, as a parasite, the tabloid may burrow deeper than these distributive systems. It may tunnel down into the substructures of the standard tabloid, into the very codes that organize it as both a cultural/social artifact or sign and a unit within a productive system.

The newspaper printer is, above all, a distributor of multiples, of identicals, in the same way that a machine for injecting plastic or one for stamping metal can be this. Reconsidering such a system in its pre-cultural moment, that is, suspended before the usual social function of its products has been enabled, allows us to insert an altered product with an altered social function. With this alteration, the system multiplies an object that is different from the one it usually produces. But the multiplicative and serial mode of production is essential here. Its logic cannot avoid marking the parasitical “material.” Knowing this, one has to consider how this multiplicative or serial element may be employed fruitfully. One works with it. And what products can better exploit processes of multiplication than those with the capacity to organize themselves modularly, in potentially infinite spreads; objects that can couple into larger continuums that themselves become new and different objects? A modular pattern printed on a tabloid page is pregnant with inexhaustible potential. The pattern favors and can participate in the configuration of a plane or a structure. It compels all the identical units spit out by the printing press to produce a condition–emergent in the relationship between them–that is greater than the individual object and that exists at a distance from the individual object’s usual moment and form of consumption.

Methodologically, the project may deal less with the alteration of a generic product than with a “genetic” intervention in its productive substrate, with planting an invasive cultural sign in the optimized space of generic production. With an awareness that the qualities of this invasive species are prone to themselves, due to the very nature of the system they have taken as host, take on a generic character; they, too, like any generic object, will be optimized to the point of abstraction, to where they take on the condition of something inevitable in the city, like linoleum tiles, drop ceiling tiles, and sheetrock panels.

In Quebec City, we employed a schematic version of a vernacular decorative pattern that we found on the facade of a house in Little Haiti–a spread of banal faux stones. A question quickly emerged: How can this pattern overcome its suspicious quality as a parasite? How does it slip into a kind of normality, of “genericity”? It has to exploit ambiguity, reappropriate familiar codes. The insertion of a foreign sign (say, the reproduction of false stones) needs to be associated to a text or some other common element in the language of the newspaper. It needs to activate other functions, be they indicative, illustrative, commercial, or documentary. The pattern, as foreign or intrusive element, remains exceptional but within a very familiar and schematic structure. It can’t obviate the defining qualities of the typology it has invaded. One imagines that a tabloid that is all patterns or that is highly idiosyncratic in some other way always risks becoming the sort of graphic project that is produced for the protected space of galleries and museums–its meaning and autonomy upheld at the expense of the social function and mobility of the typology it appropriates. Something vital, the way the tabloid moves through the city, simultaneously unseen and ubiquitous, organically woven into the urban flows, would be irrevocably lost from such an iteration of the tabloid. Its condition as a vector of information, as a familiar structure, as a natural inhabitant of an urban ecology, as an artifact that is embedded within the larger economic forces of the city–in short, all that is interesting about the tabloid–would be smeared out of the picture or diluted to a sad and unimportant state.

In the text that accompanied the pattern inserted in the Quebec City weekly, which sought to mimic (in structure, if not in content) any run-of-the-mill tabloid article with its geometry of columns and requisite accompanying photos, we spoke of a running surface of plywood sheets that was covering certain sections of Miami in the wake of a massive wave of home foreclosures. Banks seal empty houses with plywood sheets over the doors and windows to keep squatters, junkies and thieves out. Many people in Quebec associated, strangely to our ears, the rock pattern produced by Haitian immigrants (as a microscopic version) to the multiplying plywood plane. One, the rock pattern, we thought, was an effort to claim at the level of the home and the family, and by deploying a decorative structure, space for a particular value system. The other, the plywood sheets, we thought as potentially endless urban wallpaper that spoke of the massive force of an economic crisis. In fact, we propose in the text that the knots and the grain of the plywood added up to the repeating “decorative” pattern of a catastrophe that no one could figure out how to avert. The goal in bringing these two very different patterns (and worlds) together was to highlight different patterns of expansion–patterns that, in their forceful multiplication, in the ineluctable character that their growth assumed, served as metaphors for the way we imagined our tabloid–and tabloids in general–spreading through the city.

There is a virtual or abstract plane, after all, on which the 15,000 modules distributed in Quebec City can be collected. On it, they produces an enormous alien surface that threatens to blanket the entire city. Like the snow that covers its streets every winter, but climbing the city’s vertical surfaces instead. There is also a map–perhaps not yet drawn by real all the same–of the truck routes through which VOIR is delivered. There is a potential drawing that documents the distribution points where the stacks of weeklies are dropped off. It would be made up of the doorways and stoops in front of bars, record shops, bookstores, cafes, stores, fast food restaurants, cultural institutions, and student centers. Maybe it’s just a set of coordinates or address numbers. Each of the metal stands and bins in which VOIR is kept inside these spaces, in turn, is a node in yet another possible sketch of tangled trajectories.

There is, finally, an imaginable theoretical plane, a narrative space, on which the final consumption and use of the pattern can be documented. One imagines the Little Haiti rocks, having migrated north, further north that is, used as wallpaper in a record store, in a dorm, in the bathroom of a bar; or used as a doile or as a book cover. As a picture frame. The pattern can be used to wrap beer bottles outside the bodegas where it is illegal to loiter and drink. It can be employed to cover and replace dislikable or outdated posters, to run over bare city walls, and to wrap around telephone poles lined with unpalatable concert flyers and record release party announcements. It can be used as a decorative layer over the glass of all the empty storefronts in a faltering mall. It would certainly brighten the mood of the place. It can cover the plywood sheets that seal homes that have been foreclosed on or the rottiing wooden fences around abandoned construction sites. It can be used by some old ladies to dye their gray hair.

Once the information vectors of Quebec City were contaminated, the expansion of the Little Haiti rock pattern threatened to be endless, to dissolve into the city.

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Dec 162010
 

Gean Moreno and Ernesto Oroza. Miami-Dade Public Library System – Main Library, Miami. June 10, 2010.


Curatorial Statement:
Driftwood – Gean Moreno and Ernesto Oroza
Thursday, June 10, 2010
Miami-Dade Public Library System – Main Library
101 West Flagler Street  Miami, FL 33130

Gean Moreno and Ernesto Oroza’s collaborative works question, test and “act out” ideas about the function of and tensions between objects, cities, exhibition spaces, art, architecture and design. Often visually simple and sparse, their projects for exhibition spaces have many layers.

These projects challenge the premise of design and artistic production, complicating our understanding of the relationships between makers and users. How do cultural influences, economic necessity, or any number of social, natural or political forces lead to new and unanticipated uses of places and things? What can we learn from the way ordinary people make use of milk crates, stereo speakers, buckets? What do we understand about changes in a city by looking at its salvage yards and civic auditoriums? Who or what makes a particular use or design official?

The artists write about these observations and publish them in newsprint tabloids that they distribute publicly as well as in art journals for specialized audiences. The ideas in these texts inform their visual/design projects; the tabloids become part of installations. These ideas also trouble the connections between the materials in the gallery or art journal—validating spaces—and their counterparts in the city and society outside.

The objects and materials in Driftwood act as double (or triple, or quadruple) agents. The wallpaper, screen structures, event posters and glass “paintings” extend or bend the energies at work in a Miami salvage yard and urban patterns of use: they are both art objects and salvaged/functional materials. They also modify the space, laying bare its functions: an institution has decided to use a space designed to be an auditorium or meeting space as an art gallery.

The patterned wallpaper is also a vehicle for discussing ideas. It folds into a tabloid containing an essay with images, Thirteen Ways to Look at a Salvage Yard, and a page that collapses into yet another publication, Freddy: examining the process by which a mass-produced object gets “derailed” for new uses. You’re invited to pick these up and take them with you—to read or to use for something else.

Denise Delgado.
Curator.Art Services and Exhibitions
Miami-Dade Public Library System

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Nov 022010
 

oroza-moreno-dm-2010

TABLOID BY GEAN MORENO & ERNESTO OROZA http://thetabloid.org/
Miami based artists Gean Moreno and Ernesto Oroza have created a designfocused tabloid in honor of Design Miami/ 2010, featuring interviews, sketches, posters and essays by important forces in the design world such as Andrea Branzi, Hans Ulrich Obrist, Martí Guixé and Jerszy Seymour. To go along with the free publication, which will be distributed at the fair as well as key points throughout the city, Moreno and Oroza have designed a limited run of bags and t-shirts that reinterpret the Design Miami’s trademark logo. (from Design Miami 2010 program)
Contributors: El Ultimo Grito, David Enon, Kueng Caputo, Catherine Geel, Martí Guixé, Hans Ulrich Obrist, Octavi Rofes, Jerszy Seymour, Jens Thiel
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Oct 162010
 
freddy-mam

Photo:Alesh Houdek

Curatorial Statement by Rene Morales

The work of Gean Moreno and Ernesto Oroza revolves around two central interests: the social forces that shape the urban landscapes, and the idea of tapping into what they term the “preexisting infrastructures” that they have at their disposal as artists working on a project-to-project basis.

When they were approached by MAM to participate in NWM2010, they identified the museum’s tradition of publishing “gallery notes” for each exhibition and proposed folding the content of the brochure (curatorial essays, a calendar of events, sponsors’ logos, a survey questionnaire, etc.) into the ongoing series of tabloid newspapers that they produce as part of their commissions; they consider these publications to be the primary elements of their projects.

The lower expense of the tabloid format allows for the publication of three 16-page editions (one for each month of the exhibition), which will be distributed at several locations throughout the city.

freddy-moreno-oroza

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May 312010
 

Driftwood – Gean Moreno and Ernesto Oroza
Thursday, June 10, 2010
Miami-Dade Public Library System – Main Library
101 West Flagler Street  Miami, FL 33130

Gean Moreno and Ernesto Oroza’s collaborative works question, test and “act out” ideas about the function of and tensions between objects, cities, exhibition spaces, art, architecture and design. Often visually simple and sparse, their projects for exhibition spaces have many layers.

These projects challenge the premise of design and artistic production, complicating our understanding of the relationships between makers and users. How do cultural influences, economic necessity, or any number of social, natural or political forces lead to new and unanticipated uses of places and things? What can we learn from the way ordinary people make use of milk crates, stereo speakers, buckets? What do we understand about changes in a city by looking at its salvage yards and civic auditoriums? Who or what makes a particular use or design official?

The artists write about these observations and publish them in newsprint tabloids that they distribute publicly as well as in art journals for specialized audiences. The ideas in these texts inform their visual/design projects; the tabloids become part of installations. These ideas also trouble the connections between the materials in the gallery or art journal—validating spaces—and their counterparts in the city and society outside.

The objects and materials in Driftwood act as double (or triple, or quadruple) agents. The wallpaper, screen structures, event posters and glass “paintings” extend or bend the energies at work in a Miami salvage yard and urban patterns of use: they are both art objects and salvaged/functional materials. They also modify the space, laying bare its functions: an institution has decided to use a space designed to be an auditorium or meeting space as an art gallery.

The patterned wallpaper is also a vehicle for discussing ideas. It folds into a tabloid containing an essay with images, Thirteen Ways to Look at a Salvage Yard, and a page that collapses into yet another publication, Freddy: examining the process by which a mass-produced object gets “derailed” for new uses. You’re invited to pick these up and take them with you—to read or to use for something else.

Denise Delgado.
Curator.Art Services and Exhibitions
Miami-Dade Public Library System

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Apr 072010
 

Catastrophe ? Quelle Catastrophe ? – Manif d’art – The Québec City Biennial
Curator: Sylvie Fortin
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www.manifdart.org

While catastrophe dominates the contemporary imaginary and mainstream media, its real work remains elusive. Its hypervisibility safeguards its foundational, requisite invisibility. Which is to say that the omnipresence of the catastrophic event acts as a smokescreen, ensuring the very invisibility of catastrophe’s real work. Politically, the catastrophic event is used to legitimize the enactment of states of exception. But in recent years, catastrophe has also been put to preemptive use. We no longer need a catastrophe to be subjected to the logic of catastrophe. As such, its temporality has shifted, its operational terrain expanded to the entirety of time and space. So much so that catastrophe has become the condition of contemporary life. If, in the midst of WWII, Walter Benjamin could define history as “one single catastrophe which keeps piling wreckage,” Slavoj Zizek has recently demonstrated that catastrophe has expanded to the future, “the true catastrophe already is this life under the shadow of the permanent threat of catastrophe.” Daily life is now the playground of low-level, yet dreary, incessant, inescapable, catastrophe. It is also the theater of exception where democracy and equality are reduced to mere form.

Once the climax of Greek plays and poems, catastrophe is now the wallpaper of our daily lives, the score of our everyday drama. But the concept of catastrophe operates in an expanded sphere, which includes mathematics and biology, in addition to literature and theory.

This project will bring together new and recent art work from artists working around the world in order to discern and present strategies of resistance to the wreckage of catastrophe’s slow, incessant, non-spectacular work. In order to do so, it will deploy a number of complementary platforms over an extended period of time–working groups, conferences, publications, exhibitions, screenings, performances, as well as an online seminar.

PARTICIPATING ARTISTS

Patrick Altman (Québec City, Canada); Salvatore Arancio (London, UK); Bill Burns (Toronto, Canada); Luca Buvoli (New York, USA); Cooke-Sasseville (Québec City, Canada); Doyon/Demers (Québec City, Canada); Sarah Emerson (Atlanta, USA); Carole Epp (Saskatoon, Canada); Brendan Fernandes (Toronto, Canada / New York, USA); Amélie-Laurence Fortin (Québec City, Canada); Laurent Grasso (Paris, France); Johan Grimonprez (Brussels, Belgium / New York, USA); Milutin Gubash (Montreal, Canada); Hadley+Maxwell (Vancouver, Canada / Berlin, Germany); Maryam Jafri (Copenhagen, Denmark); Gwen MacGregor (Toronto, Canada); Lynne Marsh (Montreal, Canada / Berlin, Germany / London, UK); Daniel Joseph Martinez (Los Angeles, USA); Michael Jones McKean (Richmond, USA); Gean Moreno (Miami, USA); Ahmet Ögüt (Istanbul, Turkey / Amsterdam, The Netherlands); Ernesto Oroza (Miami, USA); Iván Navarro (New York, USA); Trevor Paglen (Berkeley, USA); Christodoulos Panayiotou (Cyprus); Gwendoline Robin (Brussels, Belgium); Samuel Roy-Bois (Vancouver, Canada); Lindsay Seers (London, UK); SUPERFLEX (Copenhagen, Denmark); Katherine Taylor (Atlanta, USA); Myriam Yates (Lennoxville, Canada)

A finalized list of artists will be released in early April 2010

Catastrophe? Quelle catastrophe!
We all live in a catastrophic world!

The project will delve into a number of questions, which will concomitantly refine the notion of catastrophe and pressure visual arts’ foundational concepts:

1. Imaging catastrophe / Image as catastrophe / The catastrophic image

2. The time of catastrophe / catastrophe’s temporalities

3. Catastrophic Space / space of catastrophe / spatializing catastrophe

4. Performing the catastrophic / performance as catastrophe / theater of catastrophe

5. Catastrophic matter / catastrophe’s residue

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Nov 112009
 

TIME + TEMP: Surveying the Shifting Climate of Painting in South Florida
From the press release:

This exhibition presents a survey of dynamic work by a selection of South Florida based artists who embrace and incorporate aspects of painting into their practice. A resurgence of painterly tendencies is currently taking hold among artists on a national even international level. Its growing appeal is also evident within the ever expanding contemporary art community in our region.

On view will be work by over 50 artists who are in different ways investigating and pushing prevailing definitions of painting. Boundaries of form have been expanded through a variety of techniques utilizing a broad range of materials. Some pieces have been created specifically for this exhibit yet are made with media other than traditional pigment-based paint on canvas.

Representation and abstraction continue to be very much at the forefront of this genre. However issues which have dominated painterly themes, such as color, surface, narrative and gesture are finding new expressions in a variety of unconventional and energized styles. Our tropical, lush and organic natural environment intersected by gleaming architectonic towers of light, glass and concrete set the stage for fertile and flowing currents of invention which are reflected in this diverse array of works.

Eugenio Espinosa, Gean Moreno and Ernesto Oroza. 2009

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Oct 142009
 

paravan

Paravan (in collaboration with Gean Moreno)Plywod, printed tabloids2009
Paravan is a folding screen with a twofold purpose:
1) it is a surface on which we can index the materials and modules that we employ; and
2) it is used to produce functional architectural spaces.
In this iteration it was used as a support display for an archive of milk crate patterns that we have collected and printed in our tabloids, as an index of two of the modules that we have used in the Freddy system, and as the walls of a reading room.

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Sep 302009
 

showcwg1

Bhakti Baxter, Nicolas Lobo, Gean Moreno, Daniel Newman, Ernesto Oroza, and Gavin Perry will be featured in the exhibition, Spit-Polishing a Starless Sky/Outer Space, at Charest-Weinberg Gallery, from September 12 through October 5, 2009. The opening reception will be on September 12 from 6pm to 9 pm at 250 NW 23rd Street, Space 408, Miami, FL 33127.

The exhibition is comprised of two different exhibitions that have been superimposed without any attempt to make them cohere. Two sets of information have simply been brought together, and the resulting form of the exhibition will be determined by the very dynamics of their interaction.

The first exhibition, Spit-Polishing a Starless Sky, is made up of black or nearly-black paintings by Bhakti Baxter, Daniel Newman and Gavin Perry. In the work of all these painters, the black monochrome is entwined with references that belong in cultural spheres that exist far away from formalist concerns. In Baxter’s case, the black paintings double as images of macroscopic phenomena and have a scientific flavor. In Perry’s work, the black monochrome is literally the high-end side of paintings that also trade in lowbrow referents and objects, like cheap rugs and souped up cars. With Newman, the black glaze is all process. He has covered over 200 found paintings with black, turning a gesture characteristic of iconophobia into a delirious flow of production. In a sense, in the work of all these painters, two sets of information are already blended. Each of their works becomes a stand-in for the overall structure of a double-exhibition with incompatible or competing halves.

The second exhibition, Outer Space, titled after a 1999 short film by Peter Tscherkassky, will be made up of sculptural proposals by Nicolas Lobo and Giancarlo Sardone, and Ernesto Oroza and Gean Moreno. Each of these collaborative projects begins with elements provided by the technologies, conventions and infrastructure that form the invisible materiality of our social space. Working through all the engineering problems and ontological recoding that rendering a virtual artifact in actual space brings, Lobo has collaborated with terrazzo mason Sardone to produced a real-life double of a standard bench that can be found ready-made in the design program SketchUp. As the bench took shape, its proportions began to feel slightly off due to some distortion caused the Sketchup rendering engine. What looked like a perfectly bland bench on screen takes on an uncanny air in our physical space. Oroza and Moreno will use the tabloid, of the sort found throughout the city’s neighborhoods, to create both a “catalog” and an ornamental wallpaper pattern from forms determined by the exhibition itself that will, in turn, activate the supposed neutral walls of the space.

All the artists in the exhibition are part of Miami’s burgeoning scene. They have all exhibited their work internationally and are represented in the collections of major museums. This will be the first time their work is shown at Charest-Weinberg Gallery, whose reputation continues to grow as Miami’s premier venue for emerging art.

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Sep 272009
 

Ficciones postmodernas en Miami
Domingo, 09.27.09
By ADRIANA HERRERA
Especial/El Nuevo Herald

Charest-Weinberg Gallery es un espacio artístico abierto al riesgo inteligente, a exploraciones tan inusuales en su método como coherentes. Prueba de ello es el montaje de dos muestras paralelas curadas por Gean Moreno y yuxtapuestas en la exhibición Spit-Polishing a Starless Sky/Outer Space. El hecho de que ninguna de las piezas esté identificada –pese a que algunas poseen títulos– obedece a la naturaleza de un proyecto que fusiona la autoría individual y la anónima o colectiva, y también lo decorativo y lo documental; la reproducción virtual y la mecánica; y las estrategias propias del diseño o de la literatura, con el arte. Al explorar en el espacio las intersecciones de las piezas de Daniel Newman, Bhakti Baxter y Gavin Perry –que conforman la primera exhibición, Spit-Polishing a Starless Sky— con las de Gean Moreno, Ernesto Oroza, y Nicolás Lobo -que conforman la segunda, Outer Space— se logra una gran instalación colectiva, que rebasa los límites conceptuales claves.
El catálogo de esta exhibición doble, apilado a la izquierda de la entrada de la galería, evoca las imágenes que Félix González-Torres imprimió en papel periódico, alterando la relación entre las obras y el espectador. Pero aquí estamos ante otras implicaciones. Al desdoblar el catálogo descubrimos dos hojas impresas en tabloide que documentan cada muestra. La pila está colocada sobre una pieza instalada en el suelo y justamente hecha con seis copias extendidas del diagrama de dos cuadrados y un rectángulo duplicados que Oroza y Moreno obtuvieron de la impresión en prensa del oscuro “reverso” de las obras de Baxter, Newman y Perry que conformanSpit-Polishing a Starless Sky. Estas alcanzan a distinguirse por la otra cara de la hoja, aunque son pinturas “negras”, casi monocromáticas. La pintura de Newman forma parte de una serie de cuadros encontrados que “canceló” cubriéndolas casi por completo de negro “en un gesto característico de icono-fobia”, según Moreno. La bella pieza colgante de Perry está hecha sobre una alfombra rectangular común, a la que recubrió de negro. Light Tunnel de Baxter es un foco luminiscente rodeado de “un cielo sin estrellas” –como el título–, construido con trazos circulares negros, que indagan en formas reveladas por la ciencia.
En la segunda hoja del catálogo aparece por una cara del periódico el segundo diagrama de Oroza y Moreno: lo tomaron de una documentación sobre diseños populares realizada en Little Haiti, en Miami: era la fachada de una casa decorada con una simulación de piedras en la calle 79. Al reproducir la imagen a tamaño tabloide en papel se convierte en un patrón geométrico que puede multiplicarse y que usan como matriz de trabajo para producir inquietantes intersecciones. El cruce de diseños traspasado al arte, por ejemplo. Tampoco es azar que en el anverso de esta hoja aparezcan el supuesto prólogo del editor a la última novela de E.T.A. Hoffmann, y el modelo del banco que Nicolás Lobo construyó con Giancarlo Sardone tras tomarlo, como un objeto encontrado, del programa, de Google Earth, que se usa para hacer modelos virtuales arquitectónicos y para otros usos en la red, pero no para construir objetos reales.
Junto al traspaso de ese modelo virtual a un medio mecánico como el papel impreso (y a su real existencia en el espacio interior en la galería), el espectador ve, justo en frente del catálogo apilado, que con la hoja de periódico del patrón de piedras se ha empapelado por completo la pared del fondo y media pared lateral, y que el efecto de la multiplicación es asombroso: esa imagen que documentaba una intervención de decoración popular, funciona ahora como un bello papel de colgadura que duplica su efecto, además, en el espejo de una de las puertas de la galería. Pero no sólo eso: en uno de los lados de la pared empapelada está colgado el Túnel de luz de Baxter, y la impresión es que el diagrama y la pintura forman una sola obra continua. Esa fusión es tan perfecta como transgresora: la instalación sofistica el diseño espontáneo anónimo hasta usarlo como una perfecta decoración de interiores, pero también hace de la piedra papel, vuelve el objeto frágil y perecedero, del mismo modo en que disuelve la noción de autoría. Ese hilo de continuidad que tiene como base los mecanismos de reproducción y la apropiación de diseños prefabricados tanto como la incorporación de piezas que exploran otros modos de cancelación de límites se prolonga en el texto del catálogo. Hoffman, juez de oficio, pero también ilustrador, tenor y autor romántico de los Cuentos fantásticos que encandilaron a Offenbach, quien los llevó a la ópera, compuso en 1919 su extraña novela The Life and Opinions of the Tomcat Murr. Como explica el lúdico prólogo se trata de la autobiografía de un gato, que por descuido editorial, salió impreso sin notar que incorporaba las pilas de hojas de otro libro sobre un compositor, con las cuales el gato Murr jugaba. El “editor” pide disculpas por las yuxtaposiciones –paralelas a los “descuidos” de estas dos muestras fusionadas en los que una obra se incorpora a otra sin que nadie se tome el cuidado de colocar los créditos de identificación precisos–, así como por los juegos de sentido que resultan de determinados errores tipográficos. El texto habla directamente al lector, pidiendo su “discreción” y es auto-reflexivo en torno al proceso editorial, con una humorística ironía que permite introducirse en su estructura impredecible (por su naturaleza felina), y discontinua que la convierte en “una de las primeras ficciones posmodernas”. Resulta semejante en sus osadas mezclas de autores a esta exhibición que funde las pinturas en negro de una muestra, con los desbordamientos de espacios y de usos insólitos de la reproducción de la otra. El juego referencial del catálogo es interminable: Hoffmann se apropiaba, ya desde el título, de la cervantina novela de Lawrence Sterne, The Life and Opinions of Tristam Shandy, que contiene ese mismo libro dentro del libro, asteriscos en vez de ciertas palabras, una página totalmente negra, y la virtud compartida con esta exhibición –tan pulcra en su instalación minimalista que pasaría por decorativa– de expandir los límites mentales. •
adrianaherrerat@aol.com 
`Spit-Polishing a Starless Sky/Outer Space’ de Daniel Newman, Bhakti Baxter, Gavin Perry, Gean Moreno, Ernesto Oroza, y Nicolás Lobo en Charest-Weinberg Gallery, 250 NW 23 St., Space 408. Hasta el 5 de octubre.

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