Repair as rupture III

Repair as rupture III 🙂, 2022

Una funda de batidora es una tipología contemporánea de objeto. En este sentido, no es distinta de la batidora que cubre.

La razón de ser de este objeto es profiláctica: se espera que el forro proteja del polvo y de otros agentes corrosivos las partes frágiles y superficies de la batidora. Estas fundas, hechas con retazos de telas, cintas de encaje, bordados y cuerdas, se hallan en hogares de Cuba, Colombia, Brasil, y es probable que en los de muchos otros países y territorios con similares prácticas culinarias y costos de vida. En posts y comentarios de Facebook, y de otros foros de internet donde abundan fotos de este dispositivo, se le nombra indistintamente como “vestido de batidora”, “ropa de batidora”, “bata de batidora”, “forro de batidora” y “funda de batidora”. La idea de protección es recurrente en las descripciones, así como la mención al rol de embellecer.

El impulso profiláctico inicial da paso, durante su confección, a una exploración formal que se distancia de las líneas minimalistas y empleo de materiales que hoy tienen todas las batidoras, sean Daytron, Hamilton, Kenwood, Man, Oster, Philips o Vince. ¿Quién puede reconocer la marca o el fabricante oculto detrás de esa vestidura? Los dos volúmenes principales que dividen el objeto cambian de proporción con relación al modelo que cubren, por lo que un ojo experto pudiera distinguir una batidora rusa de una coreana sin remover el vestido. “La rusa”, por ejemplo, tiene un vaso alto y una base más cónica que las batidoras modernas.

Es común que el deseo de proteger la batidora se acompañe de una necesidad de preservar la cafetera, la olla arrocera, el balón de gas. La silueta o estructura de las fundas, los estampados y las decisiones de color, se imponen sobre los rasgos distintivos de las marcas. Las fundas afirman una identidad nueva. Al aplicarse a varios objetos de la cocina, el conjunto se presenta como una familia nueva, aun cuando cubren artefactos de distintos fabricantes.

Todas las fundas de batidoras tienen caras. Cuando encuentro una foto de una funda de batidora sin rostro, pienso que no puedo observarlo porque nos da la espalda, o porque los rasgos de su cara se confunden con el estampado.

Este proyecto explora la posibilidad de que estas fundas de batidoras puedan “decirnos” más cosas que las que comunican con su mera presencia y formas. Ya sabemos que retrasan el proceso de destrucción; su rol profiláctico se adelanta a una conversación sobre la reparación— especialmente en contextos donde la gente está hastiada de reparar. Pero otras preguntas arriban. ¿Cuestionan estas fundas las lógicas y los rasgos formales asentados por el diseño contemporáneo para los electrodomésticos de cocina? ¿Son las vestiduras índices de una insatisfacción o inconformidad con las líneas y acabados industriales, y con la poca especificidad (local, cultural) del diseño de la batidora? ¿Pódemos considerar estos vestidos correcciones, o se trata de rediseños de las batidoras? En este sentido, ¿pódemos compararlos con los artefactos del styling, con los autos y electrodomésticos de ese período, y analizarlos desde los múltiples debates que esa producción estimuló? Pienso en las polémicas que involucraron, al otro lado del Atlántico, a Max Bill, Reyner Banham, Tomás Maldonado, entre otros. Cada uno de ellos estableciendo relaciones y valores entre el interior y el exterior del objeto, y discutiendo quién está apto para dar  forma al objeto[1]. Banham veía las carrocerías de autos durante el styling como un espacio de expresión para la cultura popular en Estados Unidos. Maldonado discutía el supuesto carácter popular de esa producción, y defendía el uso de protocolos generativos basados en principios científicos. En su crítica a la sobredimensión del valor estético, sostenía que “las propiedades formales constituyen una realidad que se corresponde a su organización interna vinculada a ella y desarrollada a partir de ella”. Pero, ¿de cuál orden interno estaríamos hablando aquí, el de la batidora*, o el “mundo interior” del usuario? Es cierto que los forros ocultan los controles del artefacto, cancelan la interface pero añaden una cara :-). Si ya no podemos entender los principios técnicos y electrónicos de nuestros artefactos, si estos conocimientos yacen ocultos tras formas púlidas e impenetrables, al menos se intenta, con estos forros, que ese exterior nos sea familiar, cálido, bonito.

La cantidad de forros de batidoras con rostros que pueden hallarse hoy en distintos foros online da cuenta de la diversidad de caracteres que han sido creados. Estamos hablando de una tropa de personajes, y este proyecto busca ponerlos en relación a modo de una obra de teatro. Algo así como una puesta teatral, no menos crítica, agitada y radical, pero quizás más carnavalezca, de Semiotis of the kitchen[2]!

Martha Rosler, New-Found Career (detail), 1976

Por el momento, y para enunciar la posibilidad de un diálogo entre estos personajes, he seleccionado tres pensamientos de tres artistas cubanos cuyas obras indagaron profundamente en nociones y relaciones entre lo culto y lo popular, el gusto de clase, lo auténtico en relación al marco de lo nacional e internacional. Los autores (y los tres pensamientos) son: Antonia Eiriz, quien tituló varias de sus obras con la frase “Los de arriba y los de abajo”; Nicolás Guillen Landrián y su declaración “El fin pero no es el fin” al cierre de su documental En un barrio viejo (1963, Cuba); Julio García Espinosa cineasta radical (quien paradójicamente jugó un rol de censor) y el título de su filme-ensayo “Son o no son” (1980, Cuba). Los tres pensamientos seleccionados declaran una contradición por lo que sintonizan, en términos retóricos, con el título de este proyecto: Repair as rupture.

[1] “A few rare flowers” (Max Bill, defensores del Good Design ) vs “many wild flowers” (Rayner Banham)

* Cuando está cubierto, el exterior original de la batidora se puede considerar parte del interior, en relación a la funda.

[2] Martha Rosler – Semiotics of the Kitchen 1975